Los fanáticos se preparaban para ver un partido de beach voley entre EEUU y México en las seductoras arenas de la playa Copacabana. Pero al otro lado de Río de Janeiro, lejos de la emoción olímpica, el chisporroteo de los balazos dominaba las colosales favelas emplazadas sobre las colinas.
Buena parte de Río se está deleitando en la excitación de los Juegos. Acaudalados parranderos se empinan caipiriñas al lado de supermodelos. Miles de soldados patrullando los elegantes barrios costeros, donde la delincuencia parece bastante controlada.
Pero a la sombra de la Olimpiada se está desarrollando una guerra a fuego lento entre pandillas de narcos y las fuerzas de seguridad. A medida que van creciendo las muertes en las favelas es como si para miles de brasileños de las comunidades más pobres de Río los Juegos tuvieran lugar en alguna ciudad distante.
En un estallido durante la semana pasada, más de 200 oficiales de Policía atacaron dentro del laberinto de callejones que es la favela Alemão. Dos hombres fueron abatidos, y un oficial de la fuerza antinarcóticos quedó herido.
Algunas de las 70.000 personas que viven en Alemão, fuera de la mirada de las cuadrillas de televisión que se enfocan en las maravillas de Río, albergaban esperanzas de calma a medida que los Juegos se ponían en marcha. La realidad es una profusión de desesperación e ira.
“Vivimos peor que esos bonitos caballos usados para competir en los Juegos Olímpicos”, dijo Juciléia Silva. Mientras ella se tiraba al piso de su pequeña casa para ponerse a salvo de la balacera, la TV transmitía la competencia de saltos ecuestres.
Expertos de seguridad que registran luchas armadas en Río de Janeiro han documentado docenas de ese tipo de episodios en favelas tales como Alemão desde que empezaron los Juegos. Antes de la Olimpiada, Mario Andrada, el portavoz del comité organizador, había hecho alarde de que Río sería la ciudad más segura en el mundo en este momento.
Lo concreto es que para las familias atrapadas en el fuego cruzado, todo lo que se habla sobre “legados olímpicos” en Río parece insultante. Contra los pandilleros ningún remedio parece eficaz.